Lo que saben los árboles: Resolviendo el misterio de una temporada récord de avalanchas en Colorado

Laura Yale / 7 min de lectura / Workwear

En 2019, después de una temporada récord de avalanchas en Colorado que arrasó con millones de árboles, un equipo de expertos en avalanchas se congregó para recoger la mayor cantidad de información posible de estos guardianes del tiempo de más 300 años.

Mucho después de que la temporada de avalanchas 2019 hubiera terminado en Colorado y la nieve se hubiera derretido, los estragos que causó aún permanecían esparcidos por todo el estado. En las primeras dos semanas de marzo, más de 1000 avalanchas cayeron en las laderas de las montañas, 87 de las cuales se clasificaron como D4 o mayores (en comparación con las 24 en ese mismo rango de tamaño de los ocho inviernos anteriores combinados). En ciencias de la nieve, D4 se refiere a una avalancha que tiene la fuerza suficiente para destruir un vagón de ferrocarril, varios edificios o una porción sustancial de bosque. Carreteras, puentes, estructuras históricas, e incluso la casa del sheriff del condado de Hinsdale, fueron demolidas. Además, millones de árboles fueron derribados, algunos de los cuales se erguían ya por más de 300 años.

Del desastre a los datos: una vez que la nieve se derritió en las tierras altas de Colorado, los expertos en avalanchas encontraron una muestra con una envergadura sin precedentes para ayudarlos a comprender mejor los patrones de avalanchas y cambio climático. Drenaje de Lake Creek, Colorado. Foto: Forest Woodward

“Para los científicos que estudian la nieve, este ciclo de avalanchas fue lo que un asteroide golpeando la Tierra sería para los astrofísicos”, dice el Dr. Kelly Elder, investigador de hidrología del Servicio Forestal de los Estados Unidos (USFS) e instructor en ciencia de las avalanchas del Colorado Mountain College. “La carrera de un científico, en incluso su vida, pueden pasar de largo sin ver estos eventos tan raros”.

Aunque la temporada de avalanchas fue catastrófica, cobró tres vidas e incurrió en daños por muchos millones de dólares en infraestructura pública y privada, Elder y sus colegas están encontrando el lado positivo entre los escombros que la naturaleza depositó en su patio trasero. Estas avalanchas sin precedentes ha proporcionado nueva información que ayudará a los investigadores a comprender mejor el futuro de las avalanchas en un clima cambiante.

Elder entiende la poesía que hay en la ciencia: cómo estudiar minucias puede darte información más clara sobre los grandes paisajes y cómo mirar el pasado puede ayudar a develar el futuro. Colocar estas avalanchas en un contexto histórico es clave para desentrañar sus misterios, pero el monitoreo sistemático de avalanchas en los Estados Unidos solo comenzó en la década de 1950. Se necesitaba contar con más datos. Entonces Elder y sus colaboradores fueron en busca de quienes guardan los mejores registros del planeta: los árboles.

El Dr. Kelly Elder examina un disco recién cortado. Foto: Forest Woodward

Los árboles caídos ofrecen una narrativa más accesible que un bosque vivo. Para los dendrocronólogos, una muestra del centro de un árbol vivo es como leer un capítulo en la vida del árbol, mientras que la capacidad de ver una sección transversal completa es como leer todo el libro. Después de ser golpeado por una avalancha, si un árbol no se destruye, intentará curarse y estabilizarse. Para continuar creciendo en posición vertical, el árbol formará un tejido cicatricial llamado “madera de reacción”, que aparece en un patrón o con un color de grano diferente. Cruzar la información obtenida de maderas de reacción y sus referencias de fecha a lo largo del estado, junto con otros indicadores climáticos de los anillos de los árboles, revela siglos de información sobre magnitud y frecuencia de avalanchas, así como datos sobre el clima y el manto de nieve.

“Comprender este evento tan extremo es valioso para la sociedad porque nos permite estar preparados, planificar mejor los problemas del futuro y evitar que las personas estén en peligro”, explica el Dr. Ethan Greene, director del Centro de Información de Avalanchas de Colorado (CAIC). Greene también es uno de los antiguos alumnos de Elder y ahora también es instructor de avalanchas. Estaba decidido a comenzar a recopilar datos encontrados en los anillos de los árboles tan pronto como la nieve se derritiera, incluso sin fondos asegurados específicamente para el proyecto.

El Dr. Ethan Greene, director del Centro de Información de Avalanchas de Colorado (CAIC), en la intersección de los senderos de avalanchas de Star Mountain y Everett. Paso de la Independencia, Colorado. Foto: Forest Woodward

Greene y Elder dieron forma al estudio con colaboradores del Servicio Geológico de EE. UU. (USGS) y el Centro Nacional de Avalanchas del USFS, reuniendo un equipo dinámico con diversos antecedentes académicos que van desde meteorología, ecología y dendrocronología, hasta pronóstico de avalanchas y patrullaje de esquí. “Ha sido una oportunidad perfecta para que [nosotros] todos trabajemos juntos, porque es un gran proyecto”, dice Elder. “Ninguna entidad o grupo individual podría hacerle competencia… todos tenemos experiencia diferente y ha habido una gran colaboración al juntar estas mentes”.

A medida que el invierno finalmente liberó a las tierras altas de Colorado de su control y el deshielo de principios del verano reveló el alcance del daño, Greene reunió a su personal de pronosticadores de avalanchas y estudiantes voluntarios para comenzar a recolectar discos de los árboles arrancados por los deslizamientos. En medio de los escombros, la realidad se sintió sobrecogedora. Miles de álamos maduros se doblaron sobre las laderas de las montañas como briznas de hierba recién pisadas. Los abetos que antes se alzaban como torres, ahora conformaban un enjambre difícil de navegar.

La biblioteca. Paso de la Independencia, Colorado. Foto: Forest Woodward

La tarea era simple, pero el trabajo era agotador: caminar cuidadosamente sobre las vigas, haciendo equilibrio sobre los árboles caídos con motosierras en la mano; encontrar árboles que hubieran permanecido cerca de donde fueron arrancados de sus raíces; anotar la longitud, el ancho y la ubicación; cortar con motosierra un disco del tronco; repetir 40 veces esta operación y llevar estas ruedas al camión para enviarlas a los laboratorios de Colorado y Montana.

Becs Hodgetts y Rocky Schifani trabajan duro para reunir la mayor cantidad de datos posible antes de que vuelva la nieve. Paso de la Independencia, Colorado. Foto: Forest Woodward

Su objetivo es terminar la recolección de muestras de árboles en terreno para el otoño de 2020, mientras que simultáneamente se realizan análisis de laboratorio. Esperan tener resultados preliminares el próximo año, pero aún están buscando financiamiento fuera del presupuesto operativo de CAIC y una pequeña cantidad de apoyo por parte del USFS. “Es minúsculo en comparación con lo que debería ser”, dice Elder. Él espera que colegas y estudiantes de todo el mundo también participen en el proyecto.

Altitud, pendientes pronunciadas y una celosía en el suelo, el trabajo demandó grandes pulmones, buen equilibrio y un gusto por el aroma de los álamos y los motores de dos tiempos. Paso de la Independencia, Colorado. Foto: Forest Woodward

“Financiar la investigación de avalanchas no es fácil en los Estados Unidos”, explica Greene. A diferencia de Europa, donde hay muchos municipios e infraestructura amenazada por los deslizamientos, la investigación de avalanchas de los EE. UU. se utiliza principalmente para salvaguardar los sistemas de carreteras e informar a quienes se recrean en la nieve. Sin embargo, la abundancia y la magnitud de las avalanchas en 2019 han llamado la atención de muchos proveedores de servicios públicos en las montañas de Colorado, donde las carreteras se vieron afectadas y se cortaron las líneas eléctricas.

La mochila no siempre se hace más liviana en el camino de regreso. Estos discos serán analizados en los laboratorios de Colorado y Montana. Drenaje de Lincoln Creek, Colorado. Foto: Forest Woodward

Si Greene y su equipo pueden modelar efectivamente estos gigantescos eventos y ponerlos en un contexto, será más fácil predecir los eventos promedio más comunes del futuro, que son de mayor preocupación para la seguridad humana. Podemos asegurarnos de que no se construyan nuevas estructuras en la ruta de los deslizamientos, y que todos los que viven, viajan o brindan servicios en áreas montañosas tengan información más precisa. Los científicos, modeladores, pronosticadores, planificadores municipales, controladores de avalanchas, esquiadores y motoristas de nieve pueden aprender de este evento y los resultados de su estudio.

El estudio incluyó a colaboradores del Servicio Geológico de EE. UU. y del Centro Nacional de Avalanchas con experiencias que van desde meteorología, ecología y dendrocronología hasta pronóstico de avalanchas y patrullaje de esquí. Paso de la Independencia, Colorado. Foto: Forest Woodward

En relación con qué causó el dramático aumento en las avalanchas y su poder, Greene y Elder están probando numerosas hipótesis al observar los períodos de retorno en la trayectoria de algunas avalanchas específicas. A primera vista, parece que muchos de estos deslizamientos no habían ocurrido con esta magnitud en al menos 100 años. Pero para algunas trayectorias podrían haber sido 300 años o más. Los investigadores no llegarán a ninguna conclusión relevante por un par de años más.

Si un árbol no es destruido por una avalancha, intentará curarse y estabilizarse formando un tejido cicatricial llamado “madera de reacción”, que aparece en un patrón o con un color de grano diferente. La madera de reacción ayuda a revelar siglos de información sobre la magnitud y frecuencia de las avalanchas, así como datos sobre el clima y el manto de nieve. Paso de la Independencia, Colorado. Foto: Forest Woodward

“Me preocupo casi todos los días de que perdamos oportunidades que nos ayuden a entenderlo mejor”, dice Greene. “Es genial poder hacer una investigación que sea realmente impactante, es una oportunidad especial y maravillosa para hacer lo que amas, pero terminas trabajando demasiado cuando crees en lo que haces. Es una bendición y una maldición”.

Tócalo al revés y escucharás un rugido, seguido por siglos de cantos de los pájaros, del viento y del silencio. Foto: Forest Woodward

A medida que la nieve de este invierno ha comenzado a enterrar la evidencia de los deslizamientos del año pasado, Elder ha vuelto a impartir cursos de avalancha, mientras Greene y su equipo se han sumergido nuevamente en el trabajo diario de los pronósticos. Los anillos de los árboles aún guardan en silencio, como siempre lo han hecho, una comprensión más profunda de un clima cambiante y paisajes impredecibles. “Si nadie se da cuenta o no aprende algo de esto, sería una tragedia”, dice Elder. “La naturaleza no ofrece estas lecciones muy a menudo”.

Perfil de autor

Laura Yale

Laura Yale is a Colorado-based freelance film producer and writer. She produced Patagonia’s films Treeline and Jumbo Wild, and is infinitely curious about stories of landscapes and the people most closely connected to them. She admits to making major life decisions based upon which places have the best trees to ski through.

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