En sociedad con quienes fabrican nuestra ropa

Patagonia / 10 min de lectura / Nuestra huella

Empezamos a desarrollar nuestro Programa de Responsabilidad Social a mediados de los noventa, trabajando codo a codo con nuestros colaboradores en las fábricas. En 2001, fuimos miembros fundadores de la Fair Labor Association (Asociación del Trabajo Justo), una organización sin fines de lucro que trabaja para mejorar las condiciones laborales alrededor del mundo.

Con más de una década enfocados en las fábricas donde se cortan y cosen nuestras prendas, en 2011 fuimos un paso más atrás en la cadena de suministro, para comenzar a auditar prácticas laborales en las fábricas que producen nuestras telas. Después de unirnos al programa de vestuario de Comercio Justo USA en 2014 (un esfuerzo para el que tuvimos que hacer importantes cambios en procedimientos y formas de trabajo en varios departamentos, para poder integrar los principios de Comercio Justo), lanzamos un exitoso programa piloto de diez estilos de Comercio Justo en la temporada de invierno de ese año

El presente año marca un salto gigantesco, ya que ampliamos nuestras cifras de Comercio Justo a 480 estilos y 14 fábricas. Este esfuerzo ha tenido alcance mundial, ya que ahora son 15.700 trabajadores los que se benefician directamente con cada compra de un producto Comercio Justo de Patagonia, y las fábricas con las que trabajamos pueden ampliar su producción de productos Comercio Justo cuando otras marcas se comprometan con ello.

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Helena Barbour, Vicepresidenta de Global Sportswear en Patagonia. Foto: Tim Davis

¿Cómo el Comercio Justo impacta en lo que hacemos?

Helena Barbour, Vicepresidenta de Global Sportswear en Patagonia, es una de las impulsoras de la alianza con Fair Trade USA (FTUSA) y de la iniciativa de aumentar constantemente nuestra cantidad de productos Fair Trade. Hablamos con ella para tener más detalles de las decisiones que tomó para gatillar este cambio que terminó por abarcar a toda la empresa.

¿Por qué quisiste crear una línea de vestuario Comercio Justo?

A comienzos de 2014 visité varias fábricas en Sri Lanka junto a nuestro equipo de producción. El viaje me recordó que si bien compramos nuestra ropa basados en la tela y cómo nos queda al probarla en la tienda, las personas que hacen esas prendas son una parte importante de la ecuación y, muchas veces, son olvidadas. La mayoría, incluso yo misma, sabe muy poco sobre la gente que hace su ropa.

Volví con ganas de hacer algo, y cuando un colega mencionó que Comercio Justo USA estaba iniciando un proceso de alianzas con empresas de vestuario, tuve la esperanza de que esta fuera una solución tangible para empoderar a los trabajadores y darles reconocimiento.

Desde hace bastante tiempo, FTUSA ha estado asociada con el café y el chocolate, con los que ya tiene programas en marcha. Ellos fueron el vínculo entre lo que vi en las fábricas y la forma en la que podríamos hacer más mejoras. Y en relación a las oportunidades de escalar, sabía que podríamos usar los productos de nuestra línea sportwear para amplificar el excelente trabajo que nuestro equipo de Responsabilidad Social ya estaba haciendo en las fábricas.

Además, FTUSA ha dedicado décadas a combatir la pobreza desde el sector de las organizaciones sin fines de lucro, y ha aprendido con la experiencia qué es lo que motiva e inspira a los trabajadores. Uno de los aspectos que concede más autonomía en el programa de FTUSA es que la marca paga una prima a un fondo que pertenece a los trabajadores, quienes a través de un proceso democrático deciden cómo utilizar ese dinero. Al hacer a los trabajadores una figura central en el proceso de toma de decisiones final, el programa crea un verdadero sentido de sociedad.

Al trabajar con FTUSA todo sucedió bastante rápido y solo en cuestión de meses pudimos tener un programa operando. Fuimos capaces de lanzar 10 estilos en junio de 2014.

¿Qué pasó después?

No estábamos seguros de qué esperar, pero más temprano que tarde nos dimos cuenta de que los beneficios no se limitaban sólo a pagar primas directamente a los trabajadores. El programa abrió un diálogo constructivo entre los trabajadores y la administración, y comprometió a los trabajadores con la toma de decisiones colectivas sobre cómo usar esas primas.

Pero aún entonces no era un camino claro, especialmente porque éramos la primera marca de vestuario en amplificar intensamente el Fair Trade a través de múltiples fábricas y regiones. El concepto parecía ser una situación win-win para la fábrica y los trabajadores, por lo que fue difícil anticipar los cuestionamientos expresados por los dueños de las fábricas. Sus preguntas nos hicieron poner aún más atención al programa de Fair Trade e, incluso, nos ayudaron a tener más confianza en el trabajo que estábamos por hacer.

A veces, los dueños de las fábricas preguntaban, “¿Y por qué no nos pagan más a nosotros y nosotros le pagamos más a los trabajadores?”. Pero tener a un tercero independiente como Fair Trade USA monitoreando el programa era importante. No podemos solo decirle a nuestros clientes “estamos haciendo lo correcto” y esperar que confíen en nuestra palabra a ciegas. Pero todos esos ajustes que tuvimos que ir haciendo terminaron por abrir diferentes diálogos entre trabajadores y administradores, lo que en sí mismo fue otra forma de éxito.

“A veces, los dueños de las fábricas preguntaban, “¿Y por qué no nos pagan más a nosotros y nosotros le pagamos más a los trabajadores?”. Pero tener a un tercero independiente como Comercio Justo USA monitoreando el programa era importante.”

¿Y de qué forma eligieron los trabajadores usar el dinero del programa Fair Trade?

Para mí, ese fue el momento en que el programa realmente cobró vida. Hemos visto que la prima pagada se ha usado de diferentes maneras, desde poner filtros de agua en las casas de cada trabajador hasta el cobro de un bono a fin de año. Pero lo sorprendente es que no siempre fue un beneficio obvio que servía a la mayoría.

Por ejemplo, en Sri Lanka los trabajadores votaron por instalar una guardería, que sirve a las mamás y papás con niños pequeños en la fábrica. Si bien no todos los trabajadores se benefician directamente con ella, en conjunto, la fuerza laboral sintió que valía la pena tener un programa que ayudara a los padres a mantener sus trabajos, lo que al final sí beneficia a todos en la fábrica. La forma en la que este dinero es utilizado adquiere el carácter de quienes participan en el programa. No es una solución estándar, lo que lo hace realmente positivo.

¿Cuáles son los alcances más amplios del Comercio Justo?

De nuevo, se trata de dar reconocimiento a la gente que fabrica nuestra ropa. Las marcas tienen mucho poder. Los trabajadores de las fábricas no. La posibilidad de trabajar en condiciones seguras y tener voz dentro del lugar de trabajo es enormemente empoderador. Además, la mayor parte de los trabajadores de las fábricas son mujeres, y toda mujer tiene el derecho de sentirse empoderada financieramente. El Comercio Justo es uno de los muchos programas que estamos usando para alcanzar y elevar nuestro compromiso con la responsabilidad social.

¿Qué le dirías a alguien que no sabe nada sobre Comercio Justo?

Por supuesto que la mayor parte de las personas reconoce que su ropa está hecha con materiales, pero es igual de importante entender que también está hecha por manos. Y las personas que hacen nuestra ropa merecen visibilidad y reconocimiento. El Comercio Justo es una forma de alcanzar ese objetivo. Es tanto más que solo pagar primas a los trabajadores. Es un impacto positivo en la vida de los trabajadores, pero también para las fábricas, para las marcas y para los consumidores que pueden tomar decisiones informadas. Se trata de un viaje que tomamos juntos para cambiar la forma en que pensamos en nuestra ropa y la gente que está detrás de ella.

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Paul Rice (derecha), Presidente y CEO de Fair Trade USA. Foto: Colección Paul Rice

Creando una economía global más equitativa

Desde que lanzó Fair Trade USA en 1998 (en una bodega de un solo ambiente en Oakland, California), Paul Rice ha ayudado a construir un emocionante movimiento a nivel global para cambiar la forma en que los bienes se producen, tranzan y consumen. Hablamos con él sobre sus primeros pasos con Comercio Justo USA y sus metas para el futuro.

¿Por qué hay una necesidad de productos Comercio Justo?

Primero, necesitamos pararnos un poco más atrás y mirar el cuadro completo. La globalización ya está en marcha. La disminución de barreras para el intercambio en los últimos 20 o 30 años ha llevado a un dramático aumento del comercio y, con eso, crecimiento económico. Desafortunadamente, los beneficios de la globalización no bajan hacia las personas más pobres del planeta. Literalmente, millones de personas se están quedando atrás.

¿Y cómo el Comercio Justo ayuda en ese escenario?

Además de crear estándares sociales, ambientales y económicos más rigurosos para mejorar las condiciones laborales y proteger el medio ambiente, usamos un enfoque de mercado que utiliza el poder de las empresas y los consumidores para dar soluciones sustentables a problemas realmente desafiantes.

¿Cómo comenzaste con el Comercio Justo?

Empecé al salir de la universidad. Quería involucrarme en desarrollo internacional, por lo que en 1983 compré un pasaje sin retorno a Nicaragua, para trabajar con campesinos. Trabajé en varios proyectos bien intencionados, financiados por organizaciones internacionales, que apuntaban a reducir la pobreza. Todos eran programas que iban de arriba hacia abajo, impulsados por la caridad. Todos fallaron. Entonces me convencí de que fallaron porque no fuimos capaces de descifrar cómo desarrollar la capacidad de los campesinos de resolver sus propios problemas. Los campesinos no querían nuestra caridad. Solo querían una retribución decente por todo su trabajo.

¿Y cuándo fue tu momento de “iluminación”?

Estaba bastante desilusionado del trabajo de caridad, a punto de tirar la esponja y volver a los Estados Unidos. Entonces, en 1990, escuché sobre unos europeos locos que se llamaban los “Fair Traders” (“comerciantes justos”). Ellos ofrecían un precio sumamente mayor si lográbamos organizar a los campesinos y venderles directamente. Era un concepto tan simple y poderoso, basado en el comercio, no en el auxilio y con un precio justo para productos de calidad. Conseguí a 24 valientes que se matricularon. Pasamos de obtener diez centavos a $1.26 por medio kilo de café.

Al poco tiempo ya teníamos más de 3.000 familias a bordo. Fue un momento transformador para mi. Entendí que podíamos usar el mercado como una poderosa fuerza para hacer el bien. En esencia, un nuevo modelo para el capitalismo. De un momento a otro, las familias podían comer tres veces al día en lugar de dos. Se estaban construyendo escuelas. Hubo también un crecimiento de la esperanza, el orgullo, la confianza en ellos mismos, algo que llamé “los dividendos invisibles”.

“Fue un momento transformador para mi. Entendí que podíamos usar el mercado como una poderosa fuerza para hacer el bien.”

¿Puedes explicar cómo funciona el Fair Trade?

Uno de los aspectos más importantes del movimiento Comercio Justo es que vamos más allá de las auditorías y el cumplimiento de normas sociales. Sabemos que el modelo está quebrado. Un auditor externo que visita una fábrica no entiende de verdad lo que está pasando. Sabemos que los problemas persisten y que este enfoque no hace lo suficiente. Hay alguien que debe abordarlos, pero no es suficiente.

Es por eso damos capacitaciones a trabajadores y administradores, para que todos conozcan sus derechos y puedan involucrarse en el cumplimiento de los estándares. Además, se necesita que haya algún tipo de incentivo para hacer el trabajo y convertirse en una fábrica Fair Trade. Ahí es donde entran las primas. Es una manera de abordar los problemas más profundos y a la vez premiar la producción responsable.

Por cada producto con certificación Comercio Justo que se vende, la empresa paga un monto adicional que va directo a una cuenta administrada por los trabajadores. Ellos deciden cómo usar cada dólar en base a sus principales necesidades. Pueden ser becas de estudios, proyectos comunitarios o atención de salud. Incluso pueden votar para cobrar ese dinero como bonos.

¿Cuándo comenzaste a ofrecer certificación Comercio Justo a la industria del vestuario?

Pasamos muchos años desarrollando un modelo de certificación específico para la industria del vestuario, que lanzamos oficialmente en 2010. Aunque el programa con las fábricas es diferente a nuestras raíces en la agricultura, la premisa básica es la misma: si compras un producto Comercio Justo, estás cruzando la mitad del planeta para ayudar a una familia a crear mejores condiciones para su vida y la de su comunidad.

¿Qué has aprendido de tu acercamiento a los negocios?

Soy una persona que actúa en función de una misión, y he encontrado a muchos líderes en el mundo corporativo de los Estados Unidos que piensan y actúan igual que yo. Muy a menudo, el Comercio Justo apela a los valores de los ejecutivos, pero desafortunadamente algunos, no todos, han tenido que hacer una revisión de sus valores. Paso mucho tiempo llevando a los CEO de muchas compañías a los lugares donde sus productos se fabrican, para mostrarles el verdadero poder que sus empresas y sus consumidores tienen para transformar vidas. Esta experiencia siempre es transformadora.

¿Cuál es el papel del consumidor en todo esto?

Toda esta idea depende de que los consumidores compren productos, ya sean chocolates o un sweater de fleece. En esencia les estamos pidiendo que sean nuestros aliados. Ellos son el corazón de nuestra teoría de cambio. Así como las primas de Comercio Justo empoderan a las comunidades, el acto de comprar también empodera. Los consumidores conscientes tienen el poder de gatillar el cambio, especialmente cuando sienten que las autoridades no están sirviendo a sus intereses en un área en particular.

¿A dónde crees que llegarán?

Veo un nuevo modelo de globalización que está emergiendo y creciendo rápidamente. El Comercio Justo comprueba que puedes eliminar el conflicto entre rentabilidad y sustentabilidad. Si podemos combinar el hacer lo correcto y el apoyo a la rentabilidad de las empresas, entonces nos hemos hecho parte de la fuerza más poderosa que existe.

Esta historia apareció originalmente en el Catálogo de Patagonia de Octubre 2017.

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