Amigos Muertos y Gestión del Riesgo en el Océano

Morgan Williamson / 8 min de lectura / Surf

Kohl Christensen analiza cómo surgió el BWRAG y su reciente experiencia cercana a la muerte, cortesía del arrecife de Pipeline.

“Encendió algo, una chispa”, dice Kohl Christensen, cofundador del Big Wave Risk Assessment Group (BWRAG) acerca de la muerte de su amigo Sion Milosky en Mavericks, el 16 de marzo de 2011. “Pensamos: ‘Hey, esto está jodido. Uno de los que estaba llevando el deporté más allá acaba de morir frente a nosotros’”.

Cuando el buen amigo de Christensen y cofundador del BWRAG, Danilo Couto, regresó a Hawaii de ese viaje a Half Moon Bay, California, era evidente que había que hacer algo. Esta no fue la primera muerte, y no sería la última, en la comunidad de surf de olas grandes, ni fue la primera muerte entre los amigos de Couto y Christensen que perseguían olas de gran estatura. “Tuve otros amigos murieron antes”, dice Kohl. “Pero cuando murieron, por desgracia, nada cambió realmente (en lo que respecta a la seguridad). Cuando Danilo regresó de esa sesión, nos juntamos y comenzamos el BWRAG; fue la chispa que inició todo el movimiento”.

En los años previos a la muerte de Milosky, el surf de olas grandes estaba llegando a un punto de ebullición. En 2009, el ASP Big Wave Tour (que ahora es el World Surf League) estaba recién comenzando. Con la abundancia de eventos de olas XL y las competencias también en aumento, la vara para el tamaño de las olas en que estaban remando los surfistas se ubicó mucho más arriba. La comunidad de olas grandes se dividió entre los que remaban y los que preferían el tow-in (llegar a las olas usando un Jet Ski). La conciencia colectiva cambió: si de verdad eres un surfista de olas grandes, vas a remar cada vez que sea posible.

“En ese momento, el surf avanzaba más rápido que los sistemas de seguridad”, dice Christensen. “La gente lo estaba empujando mucho. Ninguno de nosotros llevaba chalecos [de impacto o inflables]. Se sentía como si algo fuera a colapsar; así fue durante un tiempo”.

Entonces, en 2011, en la granja energéticamente autónoma de Christensen en la Costa Norte, un grupo se reunió y realizó un curso de RCP. “Mi vecino es médico de urgencias y conocía a Pam Foster, propietaria del Instituto AED. Ella fue a mi granero y todos hicimos esa increíble clase de RCP. Ese fue el comienzo de todo, y nos propusimos organizar un encuentro al año siguiente”. Liam (Wilmott, uno de los fundadores de BWRAG) estaba trabajando en Turtle Bay en ese tiempo, así que teníamos nuestro contacto directo en el hotel y nos pusimos manos a la obra”.

Fue la primera reunión no oficial del BWRAG. Durante la siguiente década, el grupo se convirtió en un curso impartido internacionalmente, con 14 paradas en Australia, Hawaii, California, Portugal, Chile, British Columbia y más, el que es dirigido por algunos de los mejores surfistas de olas grandes del mundo con entrenamiento en respuesta frente a emergencias. Ellos son los encargados de enseñar sobre seguridad marítima en un digerible curso de dos días.

“Alentamos la participación de un variado rango de edades, y queremos que la gente entienda que el curso no es necesariamente para surfistas avanzados o de olas grandes. También es para niños pequeños, padres que van a la playa, para cualquiera”, dice Christensen.

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Kohl Christensen al frente en el salón de clases del BWRAG, en Turtle Bay. North Shore, Oahu. Foto: Ryan Foley

El curso está dirigido por Brian Keaulana, un muy conocido y respetado salvavidas hawaiano. Además es hijo del legendario surfista hawaiano Buffalo Keaulana y la persona a quien hay que acudir para mantener la seguridad en el agua de las islas hawaianas cuando Hollywood llega a la ciudad. Como instructor principal del BWRAG, adaptó el programa del curso de gestión de riesgos del ejército y lo aplicó al océano. “Ha sido un honor tenerlo como nuestro guía y mentor durante los últimos diez años. La gestión del riesgo marítimo es la médula del curso. Enseñamos a las personas a buscar posibles peligros en los sectores de surf y las playas, y luego presentamos escenarios: estás en esta situación. Sally y Joe fueron a surfear y se lastimaron. Sally está inconsciente y Joe tiene un brazo roto. ¿Qué haces?”.

Muchos de los surfistas involucrados en el BWRAG han tenido buenos remezones por parte del mar: Greg Long casi se ahoga en Cortes Bank, Aaron Gold casi se ahoga en Cloudbreak (fue reanimado por Greg Long), la lesión en la cabeza de Christensen en Pipeline en 2019, por nombrar unos pocos. Y las llamadas de alerta en las que han acompañado a sus colegas surfistas son innumerables. Es algo que viene con el territorio.

“Mucha gente llega al curso muy emocionada por contener la respiración el mayor tiempo posible”, dice Christensen, cuando se le pregunta sobre las expectativas del BWRAG versus la realidad. “No nos especializamos en eso, pero tenemos un curso de respiración consciente impartido por Greg Long. La gente piensa que contener la respiración por más tiempo les ayudará a surfear olas más grandes, pero muchas personas vuelven a casa con un conjunto de habilidades completamente diferente al que imaginaban que tendrían después de tomar el programa.

“La forma en que enseñamos RCP es fácil de digerir y divertida”, continúa Christensen. “Mucha gente quiere aprender sobre rescates con motos acuáticas, por lo que demostramos evacuaciones adecuadas para víctimas conscientes e inconscientes. Todos reciben entrenamiento sobre cómo ser recogidos por una moto, con y sin tabla de surf. Ofrecemos cursos avanzados para aquellos que quieran aprender más sobre los rescates en moto de agua, pero en el curso normal, no tenemos tiempo para ponerlos a todos en una moto”.

Christensen explica que, aparte de los programas de salvavidas y salvavidas junior, realmente no hay muchos cursos como el del BWRAG que se centren en la seguridad y la gestión de riesgos en el mar. En cambio, en las montañas, la seguridad está bien establecida y los cursos son de fácil acceso para cualquier persona que desee aprender. “La mayoría de la gente no ha trabajado como salvavidas ni ha tenido la oportunidad de tener entrenamiento cuando jóvenes”, dice. “Yo he tomado varios cursos sobre avalanchas. Hay más muertes por avalanchas que en el surf, por lo que las precauciones de seguridad y el entrenamiento disponible en las montañas están más desarrolladas”.

En la última década, la seguridad se ha convertido en una de las principales preocupaciones de las personas que visitan los centros turísticos de montaña para esquiar o hacer snowboard. Hace diez años, usar un casco no era tan común y se consideraba un poco tonto, pero ahora es raro ver a alguien bajando por la montaña sin equipo de seguridad.

El surf es más lento para adaptarse por muchas razones, siendo el ego la principal. “La primera vez que vi a alguien usando un chaleco de flotación fue en uno de los arrecifes exteriores [en Oahu]. Y nos reímos de eso”, dice Christensen. “Parecía un disfraz de fisicoculturista. Pensamos, ‘Guau, mira a ese tipo, ¿necesita usar eso para surfear ahí?’. Hubo la misma reacción con el leash cuando apareció por primera vez. Ahora todo el mundo usa leash”.

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El Instructor Principal, Greg Long, y el investigador y desarrollador de trajes de surf de Patagonia, Andrew Reinhart, dirigen un escenario de entrenamiento en Oahu. Foto: Tony Dooley

Hoy, sin embargo, hay un cambio de conciencia. En la comunidad de olas grandes y del surf con consecuencias, el casco se está volviendo más popular y los chalecos de flotación e impacto se están convirtiendo en una práctica regular, aunque la adopción aumenta lentamente. Tan solo el año pasado Christensen estaba surfeando en Pipeline, una ola que ha surfeado en sus días más grandes durante las últimas dos décadas, cuando se golpeó la cabeza contra el arrecife y quedó inconsciente.

“La única razón por la que todavía estoy aquí es porque me rescataron. Fue extremo”, dice. “La tarde anterior había dejado pasar un par bastante buenas y estaba hambriento. Era un tubo grande y sólido. Entró una secuencia profunda; fue un poco de calentamiento, nada especial. Así que entré y (la ola) se desarmó, así que pensé que moriría con ella ahí en el tubo”, se ríe Christensen de manera oscura. “¡Entonces, boom! Directo al arrecife. Lo siguiente que recuerdo es que estaba tumbado en la tabla con una máscara de oxígeno, mirando a los socorristas”.

En el momento de la lesión de Christensen, había cuatro motos de agua en el canal. Fue salvado por otros surfistas y socorristas con entrenamiento de primeros auxilios (muchas de las mismas habilidades que se enseñan en los cursos del BWRAG) y en gran parte gracias al sistema de flotación incorporada al chaleco de impacto Patagonia que estaba usando. “Nunca hay cuatro motos en el canal”, dice. “Andrew Logreco, salvavidas de la Costa Norte que vino desde Waimea porque tenía la sensación de que necesitaba estar en Pipeline, fue quien me agarró. Estaba flotando boca abajo. Dice que cuando me dio la vuelta respiré profundamente; luego Kai Borg (surfista de la Costa Norte y emblema de Pipeline), que estaba allí con Jimmy Stuart, vino y ayudó. Todos esos tipos saben cómo hacer rescates. Kai nos agarró a Andrew y a mí y nos llevó a la orilla. Los socorristas me empaquetaron y me enviaron directo al Hospital de Queens”. Christensen sufrió una fractura de cráneo y fue intervenido de urgencia. “Fácilmente podría haber tenido un resultado distinto. Soy muy afortunado.”

Christensen se recuperó por completo y pudo volver al agua en abril pasado. Ha surfeado algunos de los arrecifes exteriores en sus días más grandes, pero no ha regresado a Pipeline. “Extrañamente, azotarme la cabeza ha sido lo mejor que me ha pasado. Me ha permitido ver, finalmente, lo que de verdad es importante. He estado pasando tiempo con mi esposa y mis dos niñas, disfrutando de la vida”, dice.

Con la llegada del invierno en la Costa Norte, Christensen se enfrenta a su regreso a Pipeline. “He estado relacionado con Pipeline por más de 20 años. Tuve amigos que murieron ahí, muchos amigos se han lesionado. Cuanto más me alejo del accidente, más cómodo me siento en el mar, pero no quiero que mi esposa y mis hijas vuelvan a pasar por eso. Lo más fácil sería no volver a surfear nunca más en Pipe, pero ¿quién sería yo sin eso en mi vida? Actualmente siento que podría surfear Pipeline usando un casco y un chaleco de impacto. Me gustaría enfrentarme a otro de sus grandes tubos. Lo mejor que puedo hacer es implementar algunos controles. La dinámica del océano. No puedo controlar todo lo que sucede ahí afuera, pero puedo minimizar el riesgo”.

*Cancelado por COVID-19, en 2020 se está lanzando un curso online en lugar del curso presencial, el que puedes encontrar aquí.

Perfil de autor

Morgan Williamson

Morgan es el editor general de surf para Patagonia. Anteriormente trabajó como editor senior en Stab Magazine y disfruta de varias actividades. Escuchar música country new-age no es una de ellas.

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