Una Miseria Muy Especial

Beau Fredlund
Una Miseria Muy Especial story background. Una Miseria Muy Especial story background.

Por Sakeus Bankson

Cuando se trata de desarrollo de productos, el Plan B siempre es la mejor opción. Especialmente cuando involucra lobos, deshidratación, estar cerca de la asfixia y una saludable dosis de miseria.

O al menos así fue para un equipo de diseño de Patagonia durante su viaje a Cooke City, Montana, en abril. El grupo—Natasha Woodworth, Josh Nielsen, Glen Morden, Walker Ferguson, Justin Angle y Beau Fredlund—estaba en Montana para hacer una lluvia de ideas en torno a las nuevas capas impermeables para ski de montaña. Bajo el liderazgo de Beau, que fue su guía local y fotógrafo, el “Plan A” era una travesía de cinco días en las Beartooth Mountains. Cada noche, acamparían sobre los 3.000 metros. Cada día, seguirían a Beau hacia algunos de sus rincones secretos en busca de nieve polvo.

A foggy shot of three hikers making their way up a snowy trail with their skiis and snowboards in tow.
Beau Fredlund

Beau pasa todo el año guiando en la zona y la conoce mejor que casi nadie. Eso es bastante para decir. Cooke City está rodeada por el Custer Gallatin National Forest y el Parque Nacional Yellowstone, que cubren una extensión de 1,6 millones de hectáreas con cumbres sobre los 3.600 metros, praderas de altura y lagos alpinos, un tramo en general poco desarrollado en el que habitan osos, alces, ciervos y lobo, además de un puñado de aficionados a las caminatas y pescadores. Como el pueblo se sitúa a poco más de un kilómetro de la entrada noreste de Yellowstone, en verano son millones los visitantes que pasan por su pequeño “downtown.”

En los meses de invierno, sin embargo, es mucho más desolado, el tipo de lugar que en realidad solo existe en Alaska. La población ronda las 100 personas, el principal medio de transporte son las motos de nieve (en las que puedes manejar directo a la estación de servicio y bar), y la única calle que entra al pueblo es también la única que sale, al menos en auto.

Con grandes cantidades de nieve y un terreno impresionante, también ofrece buena parte del esquí de montaña más salvaje en los 48 estados contiguos. Si estás dispuesto a ganártelo. La altitud es de agotadores casi 2.300 metros, y las temperaturas pueden ir de los dos dígitos bajo cero a confortablemente tibio en un par de horas. Lo que nos trae al Plan B. Y a los lobos.

Comenzó con un llamado telefónico de Beau, previo al viaje, para actualizar al grupo en relación al pronóstico del tiempo: condiciones para tormentas de nieve, temperaturas erráticas, vientos fuertes, posibilidad de lluvia. Terrible para esquiar polvo. “La gente se estaba desanimando por el clima”, dice Justin Angle, profesor asociado de la Universidad de Montana, experimentado corredor de trail runing y evaluador de equipo para esquí de montaña. “Pero teníamos que seguir recordándonos, ‘En realidad son condiciones perfectas para testear equipo. Este es nuestro trabajo”.

Ya sean sacos de dormir o primeras capas, el equipo de calidad no se fabrica solo. El grupo se embarcó en el Plan B, un tour de varios días en estilo “campamento base” por el Parque Yellowstone, y desde el inicio estaba claro que iba a ser un viaje interesante. Primero, mientras se equipaban al inicio del sendero en Soda Butte, un grupo de turistas les advirtió sobre una manada de lobos que habían visto en la misma dirección en la que el equipo se dirigía. Luego vino la deshidratación inminente.

“Me di cuenta de que había perdido mi botella de agua mientras transportaba mi equipo”, dice Josh Nielsen, director en jefe global de marketing. “Beau me pasa una Nalgene de 500ml y me dice, ‘Tengo una botella de tequila que puedo darte en cuanto se me vacíe’. Por lo tanto, entré en un programa de administración de agua bastante ajustado y en otro de tomar tequila bastante agresivo”.

A shot of a hiker cascading down a mountainside.
Beau Fredlund

El primer día fue intenso ya que tuvieron que avanzar kilómetros sobre sus pieles para cruzar planicies cargadas de nieve antes de alcanzar el punto donde estaría el campamento base e instalar sus carpas. El día siguiente fue de sol y powder; el siguiente pegote y con nieve isotérmica, de esa que destruye las rodillas; y el tercero ventoso y con todos bien agarrados. Josh y Natasha, los miembros más grande y más pequeño del equipo, terminaron compartiendo una carpa y casi se asfixiaron una noche cuando la lluvia se congeló sobre las ventilaciones. Moverse alrededor del campamento requería esquís y pieles, porque la nieve estaba blanda y honda hasta las rodillas. Uno de los atardeceres trajo truenos y relámpagos. Si algo podía llevar la innovación de productos al límite, este viaje lo era.

“Cuando estoy haciendo pruebas en terreno, me gusta probar el máximo umbral de esfuerzo, cuándo una pieza pasa de funcionar a no funcionar”, dice Justin. “Con mi conjunto para dormir, por ejemplo, aprendí que podía pasar cómodamente dos noches mojado, pero una tercera podría haber sido un problema”. Haciendo gala de sus conocimientos de la zona, Beau los guió al “Ojo de la Aguja”, un arco de roca natural con un hueco en la cima (por el que rapelearon). Navegaron líneas serpenteando lo que de otra forma habría acabado en el borde de un abismo. Los detuvo un tenaz bisonte en la cresta de una colina, y tuvieron que esperar a que se moviera azotados por vientos de casi 100 kilómetros por hora. Mientras los excéntricos sucesos continuaban, también lo hacían los hallazgos para el desarrollo de productos.

“La naturaleza del viaje dicta el equipo, sin importar quién seas”, dice Josh. “Eso es lo que pone la vara: el entorno y las condiciones. Es la verdad definitiva. Una característica funcionará o no, y empiezan a sumarse y a luchar contra ti a medida que el tiempo pasa. Tener equipo bien testeado y examinado es fundamental para la misión”.

Esto se hace particularmente evidente cuando estás pateando 2.500 metros de desnivel, ida y vuelta, todos los días, en condiciones que van de buenas a las peores de tu vida. Tras una noche de lluvia congelada, su último día se ajustó precisamente al último tipo: una capa superficial quebradiza, con equipo ligero de randonèe, cargando pesadas mochilas. Para Natasha, diseñadora de terceras capas técnicas, fue un incómodo momento Zen: el viaje ayudó a proyectar las opciones de telas con mejor funcionamiento e inspiró diseños para un buen número de capas externas específicas para el esquí de travesía. Es el destello del sentido común, que solo sucede cuando el Plan A falla, y muchas perspectivas diferentes se ven forzadas a converger sobre un problema inesperado, en un lugar incómodo.

“De verdad creo que algo especial sucede cuando estás muy muy cansado, cabreado y algo miserable, cuando no te queda comida y tu cerveza barata ya no sabe tan bien”, dice Natasha. “Ahí es cuando de verdad te molestas con tu ropa, cuando te das cuenta de que no te está funcionando, y esos son momentos mágicos que no puedes tener en la oficina”.

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