Aventuras de maternidad

Jasmin Caton / 4 min de lectura / Cultura

A Jasmin Caton le preocupaba que tener mellizos pudiera bajarle el ritmo a su vida en las montañas. Pero entonces recordó lo que sus padres hicieron con ella

A Jasmin Caton le preocupaba que tener mellizos pudiera bajarle el ritmo a su vida en las montañas. Pero entonces recordó lo que sus padres hicieron con ella.

De acuerdo a la historia familiar, fui concebida durante un mochileo en la zona de Purcell Wilderness Conservancy. Mis padres eran jóvenes, estaban en su mejor momento y su amor por las montañas se había desarrollado durante años viajando y trabajando en Nueva Zelanda, Australia, Nepal e India.

Mi llegada sin duda hizo más lentas, pero no detuvo, sus aventuras. Recién a mis seis semanas de vida me llevaron a la Slocan Chief Cabin, en Kokanee Glacier Provincial Park, donde lloré toda la noche para el espanto de los demás exploradores que se estaban quedando en la cabaña.

Cuando mi papá vio por primera vez las mochilas que compré para llevar a mis mellizos recién nacidos a las montañas, quedó impresionado. “No existía nada como eso cuando tú eras un bebé”, dijo, y luego describió la mochila que él y mi mamá usaban para llevarme con ellos cuando se iban a randonear. Una mochila común y corriente, con marco externo y un compartimiento separado para el saco de dormir en la parte de abajo, lo que significaba que me podía sentar en el compartimiento superior, seguros de que no iba a llegar al fondo de la mochila. “Cuando nevaba fuerte, podíamos simplemente cerrar la parte de arriba”, me explicó. Traté de visualizar cómo podría funcionar eso en estos días… un bebé encerrado dentro de una mochila, sin una toma de aire ni contacto visual con los padres.

Después me describió una vez que estaba esquiando conmigo en la espalda. Sin querer golpeó al fondo de un desnivel y se fue hacia adelante. Yo salí volando de la mochila y aterricé de cabeza en la nieve honda, como uno de esos dardos de juguete que se entierran en el pasto. Quedó preocupado, pero no tanto como para no seguir llevándome a esquiar. Otra anécdota de la historia familiar en torno al esquí supone que mi mamá se fue colina abajo, deslizándose aterrorizada como nunca en su vida, solo un momento después de entregarme a mi papá para que me llevara.

Cuando descubrí que iba a tener mellizos, mi vida literalmente pasó completa frente a mis ojos. ¿Qué le pasaría a mi cuerpo sano y fuerte?, ¿cómo iba a moverme por los pasillos del supermercado, y ni hablar de las montañas, con dos bebés? Afortunadamente, mi inclusión en las hazañas de altura de mis padres sirvió como ejemplo de lo que era posible, y mi pareja estaba aún más determinado que yo a continuar con la vida una vez que los mellizos nacieran.

Los mellizos aprendiendo a amar las montañas. Foto: Jasmin Caton

Cuando nuestros bebés tenían cuatro semanas de vida y aún eran muy pequeñitos, decidimos intentar una primera esquiada familiar. Era un día soleado antes de navidad y nunca olvidaré esa sensación del aire fresco llenando mis pulmones tras un mes de vida sedentaria y puertas adentro cuidando a dos recién nacidos. Seguimos un sendero tranquilo cerca del centro de esquí local, con los bebés arropados en trajes de pluma y acurrucados contra nuestros pechos. El sendero nos dejó en una rica pista pisada dentro de los límites del centro de esquí, así que quitamos las pieles con una sonrisa en la cara y nos deslizamos hacia abajo, deteniéndonos a tomar fotos orgullosos de nuestros primeros momentos de familia esquiadora.

Con las mejillas rosadas y sonrientes, nos fuimos directo al restaurant del centro para celebrar con una hamburguesa y algo de alegría navideña. Estoy casi segura de que estaba dando pecho y tomándome un vaso de cerveza cuando una patrulla se acercó a nuestra mesa. “Otro cliente nos avisó que estaban esquiando dentro del centro con sus bebés”, nos dijo. “¿Es verdad?”. “Sí”, dije lentamente, con mi orgullo convirtiéndose rápidamente en culpa. “No pueden hacer eso”, nos dijo.

Estaba mortificada, sentía que había sido expuesta como una madre ingenua y descuidada, y estaba impactada por el hecho de que una actividad que a mí me parecía tan inocente pudiera ser denunciada por un espectador. Casi quería contarle la historia de mi papá lanzándome como un dardo o la de mi mamá cayendo por una ladera congelada justo después de entregarme a mi papá, pero en lugar de eso solo asentí y dije “No lo haremos de nuevo”. Pero sí lo volveríamos a hacer, porque ese es el tipo de padres que queremos ser.

Randoneando con los bebés. Foto: Jasmin Caton

Ha pasado más de un año desde aquél paseo familiar en esquí, y desde entonces hemos llevado a nuestros bebés a vadear por ríos helados para pescar con mosca, nos hemos refugiado de un tormenta salvaje en una pequeña carpa en la profundidad de las montañas y hemos recorrido senderos expuestos con secciones de vía ferrata en las Dolomitas. Nos hemos embarcado en corridas épicas llevando un coche y yo he calibrado mis propias limitaciones ha un riesgo aceptable para bebés. Pero cuando miro hacia atrás, a mi propia niñez y al ejemplo que me dieron mis padres, solo puedo esperar que mis hijos lleguen a estar tan agradecidos de una vida de aventuras como yo lo estoy de la mía.

Perfil de autor

Jasmin Caton

After a childhood of playing ukulele and attending Mathlete competitions, Patagonia ambassador Jasmin Caton caught the climbing bug at age 19, packed her Chevy Corsica and moved to Squamish. Nowadays, when she’s not on a climbing trip, she’s guiding climbers on impeccable Squamish granite or guiding backcountry skiing in blower powder at Valhalla Mountain Touring.

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