Salvemos el Canal Beagle

Nuestros gobernantes son los responsables de tomar medidas conducentes a conservar el ambiente a través de actos de gobierno. Frenemos este desastre ambiental.

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Vayamos a los hechos

Peces salvajes: son engendrados, nacidos y específicamente adaptados para sobrevivir en el hábitat salvaje por medio de la selección natural, que se asegura de que sólo los seres que sean genéticamente más aptos sobrevivan y se reproduzcan. Estos peces han pasado por una gran evolución genética y cuentan con un largo antecedente de diversificación que les permite subsistir a las condiciones cambiantes aun cuando su hábitat se ve amenazado.

Peces de criadero: son engendrados y criados por humanos en hábitats artificiales, en donde se domestican sus hábitos a través de un control minucioso, para luego ser liberados a la naturaleza salvaje. Los peces de criadero son más débiles y tienen menos posibilidades de sobrevivir en un hábitat natural o de adaptarse a las condiciones cambiantes. Además, suelen madurar a una edad más temprana y, por eso, poseen un tamaño menor al de los peces salvajes. Este tipo de peces atentan contra los peces salvajes porque, cuando se ponen en libertad de forma masiva, representan un aumento en los predadores y en la competencia por el alimento y el espacio, y, cuando se reproducen con peces salvajes, transmiten sus genes no adaptables.

Peces de granja: son peces domesticados y criados por humanos en jaulas acuáticas de engorde con alta densidad de población, con frecuencia en espacios marinos públicos, donde se los cría hasta que alcanzan el tamaño adecuado para ser recolectados, vendidos y consumidos. Este tipo de peces atentan contra los peces salvajes porque pueden llegar a transmitirles parásitos y enfermedades (debido al uso de pesticidas para control de plagas) y, en los frecuentes casos de escape, pueden representar una amenaza por la competencia y la cruza con peces salvajes.

Aunque es cierto que la intervención humana ha perjudicado los ríos ꟷpor la construcción de represas, la edificación, la extracción de recursos naturales, etcéteraꟷ, los científicos han demostrados que los peces salvajes tienen mayor probabilidad de supervivencia que los peces de criadero, incluso cuando su hábitat natural se ve amenazado, porque cuentan con una larga predisposición genética para la diversificación. De hecho, la presencia de peces de criadero es con frecuencia un factor limitante para la reproducción de peces salvajes, desperdiciando grandes áreas óptimas de desove y crianza.

Esto ocurre porque los peces jóvenes de criadero superan a los peces salvajes a la hora de buscar recursos y atraen una cantidad increíblemente alta de predadores, debido simplemente a su número y a su comportamiento domesticado. Además, los peces de criaderos pueden cruzarse con los salvajes, engendrando crías cuyas chances de supervivencia se reducen al 50% solo en la primera generación. En otras palabras, en general, liberar peces de criadero resulta en una menor cantidad de peces totales para la recolección.

Aunque mucha gente piensa que los criaderos son financiados de forma exclusiva por pescadores, en realidad, suelen contar con financiación proveniente de fondos municipales y estatales, de compañías proveedoras de energía y de una gran diversidad de organismos federales. Es decir que los ciudadanos que pagan impuestos y que reciben un servicio de electricidad ꟷciudadanos comunes y corrientesꟷ, están costeando este sistema que lleva a la extinción de peces salvajes y en el que se invierte miles de millones para lograrlo.

Apoyamos con convicción los derechos de los pueblos originarios a pescar, cazar y recolectar en sus territorios ancestrales. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que al liberar peces de criadero en esas cuencas, no se crea una pesca sustentable. Nuestro objetivo es trabajar en conjunto con esas comunidades y concentrar los esfuerzos en la recuperación de peces salvajes para que la recolección sea más abundante y verdaderamente sustentable.

Científicos destacados e información reciente indican que el plan que se está llevando a cabo de alimentar a hambrientas orcas residentes del Sur con 60 millones de salmones Reales de criadero es un plan desinformado, costoso ꟷde 87 millones de dólaresꟷ, y probablemente desastroso para las orcas, para los salmones Reales y para otros seres marinos. Es cierto que las orcas necesitan conseguir más alimento de inmediato, pero la única solución verdadera para que las orcas obtengan salmones Reales en el corto plazo es reduciendo la pesca, particularmente la pesca a océano abierto en la Costa Oeste. Esto implica un sacrificio para muchos, pero si en verdad quisiéramos ayudar a las orcas hambrientas, los seres humanos deberíamos tomar menos del océano.

Una solución a largo plazo podría beneficiar a los salmones Reales, a las orcas y a los pescadores por igual. Podríamos tener una población de salmones reales salvajes, saludable y de gran tamaño si se recuperaran los hábitats naturales, se destruyeran las represas, se redujera la producción en criaderos y se limitara la pesca solo a ríos y desembocaduras, en lugar de a océano abierto. Cuando los salmones salvajes aumenten en cantidad y en tamaño, van a poder proveer el alimento esencial que necesitan las orcas residentes del Sur y aumentar la posibilidad de pesca recreacional y comercial.

Según destacados científicos que se dedican al estudio de las orcas, no. De acuerdo con estudios llevados a cabo sobre las fuentes alimenticias de estos animales, la liberación de peces de criadero sería poco beneficioso para las orcas residentes del Sur porque, como consecuencia del proceso de domesticación, la gran mayoría de los salmones de criadero maduran antes y, por lo tanto, son demasiado pequeños, incluso los adultos, como para cubrir las necesidades calóricas de las orcas. Este tipo de orcas necesita los escasos salvajes salmones Reales de gran tamaño, cuya población irá menguado por la influencia de los salmones de criadero.

La única solución inmediata para que obtengan más alimento es la reducción de la pesca a océano abierto. En la actualidad, este tipo de pesca en la costa oeste de la isla de Vancouver se lleva el 70% de los salmones que poseen el tamaño adecuado para alimentar a las orcas. Si se traladara la pesca a las desembocaduras de los ríos y se emplearan técnicas selectivas de recolección, en el futuro podríamos contar con un gran número de salmones Reales grandes y salvajes que permita continuar con la pesca y servir de alimento a las orcas.

Cuando se destruyan las cuatro represas del Río Klamath, seremos testigos de uno de los proyectos de restauración de ríos más grandes de la historia de América del Norte. Con el río Klamath fluyendo libremente obtendríamos un hábitat natural óptimo para los salmones salvajes y un río que sea realmente salvaje. Sin embargo, los planes actuales determinaron que el programa de criadero de peces siga operando por al menos ocho años después de que se demuelan las represas. Como con frecuencia los peces de criadero son un factor que limita el crecimiento de la población de peces salvajes, esto hace que se pierda esa oportunidad, al igual que como ocurrió en el río Elwha, debido al programa de mantenimiento de los criaderos luego de la demolición de la represa. ¿Cómo podemos ayudar a mejorar la abundancia en el río Klamath? Invirtiendo en soluciones a largo plazo con criterio científico: recuperando el hábitat natural y permitiendo que el salmón salvaje lo recolonice y que repopule las cuencas como están preparados para hacer desde hace millones de años.

En una palabra, sí. Puede ser difícil, pero existen algunas reglas que nos permiten guiarnos para comprar y consumir salmón de forma responsable:

- No compres salmón del Atlántico ni trucha cabeza de acero porque, en su mayoría, suelen provenir de granjas que los crían en jaulas o pueden haber sido pescados en zonas donde peligre la población.

- Comprá salmón salvaje de pescadores responsables que no se dediquen a la crianza. Por ejemplo, salmón rojo en Bristol Bay, Alaska o salmón rosado pescado con red en Lummi Island, Washington.

- No compres salmón del Pacífico de pescadores a océano abierto que ofrecen peces de distintos tamaños, ya que la mayoría de esos peces provienen de criaderos, pero por sobre todo, porque la pesca a océano abierto no distingue entre especies que hay en abundancia y especies en peligro de extinción.

- Preguntá en la pescadería, al chef o al mozo de dónde proviene el salmón y cómo fue pescado. Esto puede generar una confusión al principio, pero es una manera de apoyar la pesca responsable y de concientizar a los consumidores a tomar mejores decisiones.

Los resultados de la eliminación de los criaderos pueden variar de una cuenca a otra, porque depende de las condiciones en que haya quedado el hábitat y de qué tanto daño genético posea la población de peces salvajes, víctima de la cruza con peces de criadero. Sin embargo, podría ocurrir rápido. En el río Toutle, en el estado de Washington, 7 años después de que la cuenca haya sido devastada por una erupción volcánica, que trajo como consecuencia la interrupción de los criaderos, se observó el desove más grande de truchas cabeza de acero de toda la región de baja Columbia. En Montana, tan solo 4 años después de que cesaran los criaderos, la población de trucha arcoíris creció en un 800% y su biomasa aumentó en un 100%. En el río Skagit, 4 años después de que dejaran de liberar peces de criadero, la población de truchas salvajes, que venía decreciendo desde hacía varias décadas, aumentó por encima del objetivo del estado.

Depende de si queremos observar las oportunidades a largo o a corto plazo. La ciencia ha demostrado que la presencia de peces de criaderos lleva a la extinción total de peces salvajes.

Mientras tanto, la población de peces de criadero también tiende a la extinción total debido a las cruzas y a la domesticación. Es decir que si dependemos de los criaderos, también se irán reduciendo las oportunidades de pesca, y a la larga, podría producirse la desaparición total de peces.

Por otro lado, una inversión para recuperar peces salvajes podría, en el corto plazo, limitar las posibilidades de pesca en algunos lugares, pero es la única opción viable si queremos que nuestros hijos puedan disfrutar de la pesca en aguas heladas en un futuro. La buena noticia es que en muchas cuencas, como es el caso de los ríos Toutle, Skagit, Eel e incontables ríos de las costas de Montana y de Oregon, luego de la remoción de los criaderos, se han desarrollado peces salvajes más veloces y robustos de lo que cualquier pescador se podría imaginar. Así que eso representa oportunidades de pesca más abundante y cuantitativa para todos.

Conocé lo que comés

Conocé de dónde proviene el pescado que comés.
Preguntá y estate informado para comer con conciencia.

Comprá salmón salvaje de pescadores responsables que no se dediquen a la crianza.
Por ejemplo, salmón rojo en Bristol Bay, Alaska o salmón rosado pescado con red en Lummi Island, Washington.

No compres salmón del Atlántico ni trucha cabeza de acero.
En su mayoría, suelen provenir de granjas que los crían en jaulas o suelen haber sido pescados en zonas donde peligra la población.

Comé carnada y moluscos.
Empezá más abajo en la cadena alimenticia comiendo peces más pequeños, por ejemplo, arenques, anchoas o eperlanos. Cuando se cultivan, los mejillones, las ostras y las almejas mejoran la calidad del agua y proveen un hábitat para otras formas de vida marina

No comas peces alfa predadores cazados a océano abierto.
Los peces espada, el atún rojo, la merluza negra y otros peces grandes que están arriba en la cadena alimenticia son más vulnerables a la pesca excesiva y pueden poseer grandes niveles de tóxicos químicos.

Funciones

Artifishal se presentará en las tiendas de Patagonia, en festivales de cine, en eventos comunitarios y en cines. Si querés organizar una función, contactanos.

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